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La Tempestad (William Shakespeare) - pág.24

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Página 24 de 43


hasta dejarlos vencidos. Pero tú, ¡ah, tú!,
tan perfecta y sin par, fuiste creada
de las bondades de todas.
MIRANDA
No conozco a nadie de mi sexo,
ni recuerdo un rostro de mujer, salvo el mío
en el espejo; y que pueda llamar hombres,
yo no he visto más que a ti, buen amigo,
y a mi padre. Ignoro cuál sea la figura
de otras gentes, mas, por mi pureza,
joya de mi dote, en el mundo no deseo
más compañero que tú; y a ninguno
puede dar forma la imaginación
que me guste más que tú. Pero hablo
demasiado, y no obedezco
los preceptos de mi padre.
FERNANDO
Por mi estado soy príncipe, Miranda,
quizá rey (ojalá no), y no menos me repugna
esta servidumbre de leñero que dejar
que la moscarda mancille mi boca. Te hablo
con el alma: apenas te vi, mi corazón
fue volando a tu servicio, en el que permanece
hasta hacer de mí un esclavo. Por ti
soy un leñero tan sufrido.
MIRANDA
¿Me quieres?
FERNANDO
¡Cielos, tierra! Dad fe de mis palabras
y, si digo la verdad, premiad con buen suceso
cuanto afirmo; si miento, traed
el mal a lo mejor de mi futuro:
más allá de los límites del mundo
yo te quiero, estimo y venero.
MIRANDA
Soy tonta llorando por lo que me alegra.
PRÓSPERO [aparte]
¡Qué bella unión de excelsos amores!
¡El cielo derrame gracia
sobre lo que nace entre ellos!
FERNANDO
¿Por qué lloras?
MIRANDA
Por mi insignificancia. No me atrevo
a ofrecer lo que deseo dar, y menos a tomar
lo que perder me mataría. Pero es inútil:
cuanto más procura ocultarse,
más se ve el bulto. ¡Basta de melindres!
¡Hable por mí la franca y santa inocencia!
Si te casas conmigo, soy tu esposa;
si no, moriré tu doncella. Puedes negarte
a que sea tu compañera, mas, quieras o no,
seré tu sierva.
FERNANDO
Mi dueña, querida mía,
y yo ahora y siempre a tus pies.
MIRANDA
¿Entonces, esposo?
FERNANDO
Sí, y deseándolo tanto
como el esclavo ser libre. Mi mano.
MIRANDA
La mía, y en ella el corazón. Y ahora,
adiós y hasta muy pronto.
FERNANDO
¡Mil adioses, mil!

Salen.


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