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La Tempestad (William Shakespeare) - pág.19

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desenvainado? ¿A qué esa cara de espanto?
GONZALO
¿Qué ocurre?
SEBASTIÁN
Estábamos guardando vuestro sueño
cuando ha resonado un sordo rugido
como de toros, o más bien de leones.
¿No te despertó? A mí me hirió el oído.
ALONSO
Yo no he oído nada.
ANTONIO
¡El fragor habría despertado a un monstruo,
causado un terremoto! Seguro que rugió
una manada de leones.
ALONSO
¿Lo habéis oído, Gonzalo?
GONZALO
Os juro, señor, que oí un zumbido,
y además muy extraño, que me despertó.
Os sacudí y grité. Cuando abrí los ojos,
los vi espada en mano. Sí que hubo un ruido,
es cierto. Más nos vale estar en guardia
o salir de este lugar. Desenvainemos.
ALONSO
Id delante, y sigamos buscando a mi pobre hijo.
GONZALO
¡El cielo le guarde de estas fieras!
Seguro que está en la isla.
ALONSO
Abrid camino.
ARIEL
La orden de Próspero ya la he cumplido.
Tú, rey, ve seguro, y busca a tu hijo.

Salen.

II.ii Entra CALIBÁN con un haz de leña. Se oyen truenos.

CALIBÁN
¡Que caigan sobre Próspero los miasmas
que absorbe el sol en marismas y ciénagas
y le llaguen palmo a palmo! Le maldigo,
aunque me oigan sus espíritus. Pellizcos
no me darán, ni sustos sacando duendes,
ni me arrojarán al barro, ni, cual fuegos fatuos,
me harán perderme en la noche, si él no lo manda.
Mas por nada me los echa encima;
a veces son monos que me chillan, hacen muecas
y me muerden; otras, erizos que yacen
enrollados y me levantan las púas
bajo mi pie descalzo; otras, víboras
que se me enroscan y que con su lengua hendida
me vuelven loco a silbidos.

Entra TRÍNCULO.

¡Ah, mira! Aquí viene a atormentarme
otro de sus espíritus, porque tardo
en llevarle la leña. Me echaré al suelo.
Quizá no me vea.
TRíNCULO
Aquí no hay arbusto ni mata en que resguardarse, y ya se cuece otra tormenta; la oigo cantar al viento.
Ese nubarrón parece un sucio pellejo de vino pronto a reventar. Si va a tronar como antes, no sé dónde
meterme; esa nube se vaciará a cántaros. Pero, ¿qué veo aquí? ¿Un hombre o un pez? ¿Vivo o muerto?
Es un pez, huele a pescado; echa un olor rancio, a salazón no muy fresca.


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