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La Tempestad (William Shakespeare) - pág.14

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Página 14 de 43


Pero lo más prodigioso, y es casi increíble...
SEBASTIÁN
Como tantos prodigios.
GONZALO
... es que nuestra ropa, habiéndose empapado en el mar, no obstante siga estando tan nueva y radiante. Más
que manchada de agua salada, parece recién teñida.
ANTONIO
Si hablara uno de sus bolsillos, ¿no le diría que miente?
SEBASTIÁN
Sí, o se embolsaría la verdad.
GONZALO
Creo que nuestra ropa está tan nueva como cuando la estrenamos en África, en la boda de la hija del rey,
la bella Claribel, con el rey de Túnez.
SEBASTIÁN
Buena boda, y nos ha ido muy bien al regreso.
ADRIÁN
A Túnez nunca la honró semejante modelo de reina.
GONZALO
No desde los tiempos de la viuda Dido.
ANTONIO
¿Viuda? ¡Mala peste! ¿De dónde sale lo de «viuda»? ¡La viuda Dido!
SEBASTIÁN
También podría haber dicho «el viudo Eneas». ¡Señor, cómo os lo tomáis!
ADRIÁN
¿Decís la viuda Dido? Eso me da que pensar. Era de Cartago, no de Túnez.
GONZALO
Señor, Túnez era Cartago.
ADRIÁN
¿Cartago?
GONZALO
Os lo aseguro. Cartago.
ANTONIO
Sus palabras hacen más que el arpa milagrosa.
SEBASTIÁN
Levantan la muralla, y aun las casas .
ANTONIO
Ahora, ¿qué imposible se le resistirá?
SEBASTIÁN
Creo que se llevará esta isla en el bolsillo y se la regalará a su hijo cual si fuera una manzana.
ANTONIO
Y sembrando las pepitas en el mar, producirá nuevas islas.
GONZALO
Pues sí.
ANTONIO
Ya era hora.
GONZALO [a ALONSO]
Señor, decíamos que nuestra ropa parece tan nueva ahora como cuando estábamos en Túnez en la boda
de vuestra hija, ahora reina.
ANTONIO
La más excelsa que llegó allí.
SEBASTIÁN
Salvo, con perdón, la viuda Dido.
ANTONIO
¿La viuda Dido? ¡Ah, sí, la viuda Dido!
GONZALO
Señor, ¿no está mi jubón tan nuevo como el día en que lo estrené? Bueno, hasta cierto punto.
ANTONIO
Un punto que no ha perdido.
GONZALO
Cuando lo llevé en la boda de vuestra hija.
ALONSO
Me embutís en el oído esas palabras
contra mi gana de oírlas. Ojalá nunca hubiera
casado a mi hija allá, pues al regreso
pierdo a mi hijo y creo que también a ella:
vive tan lejos de Italia que nunca
volveré a verla. ¡Ah, tú, mi heredero
de Nápoles y Milán! ¿Qué extraño pez


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